domingo, 8 de mayo de 2016

MANIFIESTO CIMARRÓN



Humanos: Mi nombre es Cimarrón. Confeso es mi apellido y mi sentido en el mundo.

Ante todo, confieso que he vivido entre lumbreras apagadas y callejones sin salida. Confieso que he dejado mis sueños abandonados entre botellas de licores baratos y cuadernos llenos de garabatos. Confieso que el pasado y el futuro fueron mis primeros pecados y que el presente es una incógnita para la cual solo tengo medias verdades y mil mentiras.

Confieso que mi vida es tan común como la de cualquier humano común.

La ciudad es una flagrante podredumbre con sus calles llenas de fisuras, con la mierda y la basura, con el smog fermentado en las alturas entre rascacielos luminosos y grandes avenidas. El sol es un astro ciego y moribundo, es un incendio del Armageddon. No hay más utopía que la luna y el mantón cósmico de las estrellas.

La ciudad nos llama a salir a explorarla con desenfreno y a violentarla sin tapujos, a buscar la belleza bajo su falda.

Flotando entre masas de gente sin rostro, entre voces ruidosas sin melodía, serpenteando entre el concreto humedecido y las vigas oxidadas, reconozco los pasos perdidos de los que me antecedieron, bestias noctámbulas que exploraron los lúgubres jardines del placer, que soñaron entre danzones y sones caribeños, entre tango, jazz y psicodelia, con encontrar el aromático candor de las flores entre luces de neón y lentejuelas, entre espejos y ficheras.

Aquellas mujeres de ensueño aún sobreviven los lastres de la atomizada doble moral y sus atrofiados convencionalismos.

Entre llamadas telefónicas, redes sociales sesgadas y los pasillos de hoteles fugaces, le robo poesía a mi sórdida soledad, le otorgo belleza a la escala de grises de mi alma. La privacidad y la sensualidad son licencias poéticas en una ciudad decadente y claustrofóbica como la nuestra, donde la noche se ha vuelto un pastiche de excitación, donde los días se embriagan de un movimiento suicida. Prostitución de lujo le han llamado, el imaginario de la call girl al servicio de una falencia buscando alivio.

Hace falta distensión, entre los brazos de una mujer sublime están las llaves del paraíso.

Rehuso el jocoso paradigma de los ingenuos sin criterio; no existe la mujer perfecta, la dama sin mácula al servicio de los deseos. Toda escort es una historia digna de escuchar, propensa a ser besada, inquebrantable y maravillosa en las proporciones de sus caderas y de su historia. Toda escort es un universo en el que choco como un asteroide, dispuesto a ser quebrantado por su energía y sus ganas de vivir.

Toda escort es un sentimiento, es un motivo y un objetivo; toda escort es un sueño propio y una resurrección.

La vida funciona entre acción y reacción. Todo encuentro escort es un reconocimiento propio de soledad, es mirar el abismo desde el borde de un risco con una daga y un revólver en las manos. No importa el valor monetario, ni el caché del lecho pactado, lo importante es confrontar el vacío de la vida con la inmensidad de una petite mort, resurgir entre cenizas para volver a la realidad con la convicción de seguir luchando.

No desestimo una segunda oportunidad, los mejores orgasmos suceden después de los quebrantos.

Quizás mañana sea demasiado tarde para conocer a la escort que me gire la carta, que me desnude por completo, que me haga ver de cuerpo entero que al final sólo soy un hombre llenos de neurosis y defectos. El instinto siempre me alerta de ello, pero nunca logra que desista un encuentro. Las entrañas ardientes, las pupilas hambrientas, los dedos sedientos y las lenguas flamígeras mueven los hilos del Universo.

Humanos: Aquí están algunos de mis principios. No vayan tras mis huellas, hagan sus propios caminos.

C.C.

lunes, 18 de abril de 2016

LA HABITACIÓN DOBLE


- Por el momento solo tengo habitaciones dobles.

La mirada pequeña del encargado de la recepción esperaba que me marchara; me clavó su prejuicio mientras había como que lo pensaba. La diferencia de dinero era menor de lo que esperaba en un sábado caluroso sábado con aroma a primavera insipiente.

- La tomo.

Lo cierto es que no tenía otra alternativa. La cita estaba cerrada desde la noche anterior y ella estaba muy cerca de un destino postergado desde hacía un par de meses. Poder coincidir con esta señorita escort en algún punto de la semana inglesa sería complicado, por que tomé el primer sábado que pudiera robarle a mi rutina para conocerla.

Tomé el elevador hacia un cuarto piso tumultuoso, lleno de susurros y de luz solar. Soy una bestia nocturna, mi querencia es la noche de hoteles vacíos y luces de neón enmarcadas por la noche de la ciudad. Aquella aventura sería diferente desde su concepción; la señorita lo valía.

No tardó mucho en llegar con sus caderas rítmicas, sus ojos grandes y su voz rasposa llena de ingenios verbales. Por fin estaba frente a mí, tal como pensaba que era desde que sabía de su existencia en los videos y las fotografías, con sus arpegios y sus bemoles en el lugar correcto, con su presencia abarcando el enorme cuarto de principio a fin.

Tal era el calor que hacía a esas horas que sentía que con ella me incendiaría; el sol caía a plomo sobre esa habitación de interiores minimalistas y toques de ónix iluminado. Mientras tomaba un baño pensaba en la manera en que aprovecharía esas dos camas en mis juegos previos; fue tan rápido que no pude trazar nada, era mejor que el ingenio y el momento me guiaran.

Ella también se refrescó en la ducha, sus poros habían comenzado a sudar antes del tiempo; fue un deleite verla caminar con la toalla cubriendo sus pechos como una Venus púdica encarnada, acercándose lentamente mientras yo la miraba sobre la cama que estaba al pie de la ventana.

- ¿En tu cama o en la mía?

El juego que proponía era infantil y superfluo, las barreras quedaron rotas cuando ella reclamó mi ardor con sus manos en mi pecho, bajando entre mis piernas mientras mis manos recorrían las curvas de su vientre y la sombra de un tatuaje. Pronto fueron mis labios sedientos los que encontraron el néctar que se gestaba entre sus piernas.

Dejé que mi lengua se entretuviera y hablara sin decir más palabras. Dejé que ella me diera la pauta y el ritmo con sus siseos entrecortados, con el arco místico de sus piernas y su espalda, con el gemido que coronaría un recorrido irregular donde mi lengua esculcaba puntos de implosión, pasadizos secretos hacia su éxtasis.

No dejé siquiera que las cortesías me distrajeran. Con el condón en mi pene palpitante, ella se balanceó sobre mí dejándome estupefacto ante sus movimientos breves y concisos, concentrándose en sí misma a merced de mi admiración, tomando los dedos que le ofrecía a sus labios. No sé quién propuso los cambios de velocidad, pero fui yo quien decidió un cambio en la conexión.

La llevé hacia la otra cama y me coloqué encima de ella, buscando sus labios mientras la penetraba con la profundidad de un suspiro, implorando su cuello y sus pechos con mis labios mientras fingía la demencia de lo que quería: aumentar el calor y la intensidad de mi embestida mientras buscaba que ella clavara sus uñas sobre mis brazos.

Mordí su espalda mientras la penetraba por detrás, admirando sus gluteos vibrar sobre mi inquieta cadera; volví a ponerla de frente para terminar poco a poco mientras la admiraba con la misma inocencia con la que miraba aquellas fotos y aquellos videos con los que me pervertía cuando aún no sabía si alguna vez la llamaría.

Pasaron los minutos de éxtasis como las gotas de sudor que refrescaron aquella cama; no volvimos a cambiar de lugar, ya no importaba. Terminamos recostados con nuestras respiraciones temblando al mismo ritmo mientras recuperábamos la energía para irnos, cada quien a la vida propia, cada quien a un nuevo lugar.

Los baños breves y las despedidas largas son polos opuestos que solo conviven en los hoteles de paso de la gran ciudad. Espero volver pronto a los brazos de aquella mujer, aún si para ello otra habitación doble tenga que alquilar.

viernes, 26 de febrero de 2016

CON UNA MIRADA INCENDIÓ MI CUERPO Y MI ALMA


Era un viernes por la tarde de trabajo y tensión como muchos días donde la rutina es un peso difícil de cargar y el final de la semana se acerca con lentitud. En algún momento del día sentí que mi cuello se tensaba y que mis manos resentían la inclemencia del frío. Consciente que mi corazón de cimarrón necesitaba el calor de una llama preciosa y fugaz, concerté una cita con una chica a la que desde hace meses había querido llamar.

Habían pasado varios meses desde que comencé a sondear a esta chica por medio de Twitter. Por principio de cuentas, es una chica bastante normal, joven y natural como las mujeres que pasan en la ciudad. Quería conocer a aquella ninfa cuyas fotos y videos habían despertado en tantas ocasiones mis instintos; el momento era idóneo, mis coordenadas adecuadas, no di marcha atrás.

La jornada pasó con cierto recelo hacia las horas que pasaron entre pendientes y decisiones. La naturaleza de mi trabajo permite momentos de sublimación más allá de los enconos con el día a día y la convivencia con los humanos y las señoritas con los que comparto el día a día. Sin embargo, la exaltación colectiva de los egoísmos en la vida humana me exige en algunas ocasiones, un espacio para la perversión y la sensualidad.

Al salir del trabajo, realicé mi ritual favorito anterior a mis encuentros con señoritas escorts: una larga caminata antes de tomar el taxi hacia el hotel pactado, el sitio donde ese ser se encontraría con mi sed, donde esa mujer desnudaría más que mi cuerpo y mis pensamientos. Media hora después estaba en una pequeña habitación tomando un baño y concentrándome en el momento que venía entre los acordes de una música suave: un disco del genial Wayne Shorter.

Quince minutos después de la hora pactada, un envión de adrenalina se desató con el toque a la puerta. Estaba tendido sobre la cama mirando hacia el espejo del tocador, con los brazos tras la almohada. Me había puesto de nuevo el pantalón y la camisa, mi cabello húmedo revelaba la humedad de una ducha acelerada y refrescante.

Con un brinco fui al encuentro con la puerta. Ahí estaba ella frente a mí, vestida en mezclilla ajustada y una blusa oscura. No tenía ese antifaz que sesgaba su rostro simétrico y precioso en las imágenes digitales de mis fantasías corporales; la miré a los ojos como llamas que se reavivan sobre praderas frescas. En su mirada encontré el alivio de saber que no había sido un sueño entremezclado entre el insomnio y el ocio.

Esperé sobre la cama a que se refrescara y se pusiera un mínimo y coqueto disfraz de colegiala. No soy un cimarrón con fetiches trillados, pero dejé que la joven jugara con sus reglas, que mostrara sus cartas; fui dándome cuenta que detrás de la mujer salvaje había una sonrisa igual de perversa, pero siempre volvía hacia sus ojos laberínticos y punzantes.

En cuanto acercó su mano hacia mi entrepierna me supe en serios problemas, sentí que su silueta se incendiaba en mis ojos como una saeta de fuego amenazando con consumirme. Puso el condón entre mi pene erguido y todo ese fuego se volvió húmedo como un geiser brotando de fuste a glande, deslizando sus uñas en mi escroto, clavando con dulzura sus dientes.

No recuerdo haber tomado la pausa insinuada por la ropa que terminaba por ceder y se aventaba hacia los lados de la cama. Buscó mi pene con la humedad de su vagina estrecha, a horcajadas sobre mi cuerpo entregado como una ofrenda a la luna que me mostraba su lado oscuro y me convertía en un indefenso ciervo. Nuestros gemidos se modularon mientras el saxofón de Shorter comenzaba a desaparecer entre su vaivén y mi deseo creciente de ser absorbido por su sed en mi desierto.

Cambiamos a todas las posiciones posibles, nos sembramos todos los besos debidos entre las tierras fértiles de sudor en flor y aromas a concupiscencia salada. De un misionero estrecho y cadencioso pasamos a la acrobacia de un potro del amor, pero fue en las postrimerías de una deliciosa posición de perrito donde conocí ese sesgo que hace de aquella mujer inolvidable.

Y todo se resume en su mirada, ventana de un alma rebelde cuyo amazónico celo es salvaje como el paso de los nervios de un volcán sobre un bosque sereno.

Por un momento perdí la sensación del tiempo mientras envestía con energía su cuerpo extendido sobre el colchón, acariciando toda la longitud crispada de su espalda, queriendo alcanzarla en toda su longitud, de nalgas a espalda y de regreso, mientras ella gemía al compás de un ir y venir que aceleraba gradualmente, sin sobresaltos ni pausas, con las últimas reservas de mi energía.

Agotado por la brasa inagotable que brotaba entre las piernas de aquella chica insaciable, se sucedió un movimiento raudo que rompió nuestra unión. Giró su cadera y con su mano atrajo mi torso hacia el suyo en un movimiento de magnético hipnotismo.

- Ven. Quiero que me mires cuando me cojes.

No tenía palabra inteligible para responderle, solo volví a meterme en ella con la urgencia de un deber deseado. Derramé el resto de mi mirada en la suya mientras disfrutaba del vértice de su ardor, cada vez más apretado, cada momento más húmedo, delicioso templo de una devoción pagana donde ella es el amor y la guerra haciendo el amor ante la devastación del mundo.

Aquella noche terminé malherido por una batalla florida e intensa. Ella me había dejado hecho cenizas, postrado sobre el colchón, alucinado y con una sonrisa de quien había recuperado la alegría em su mirada triste.

Cuando se fue el tiempo ganó un microsegundo por cada minuto que pienso en su mirada rítmica e intensa, como aquellas canciones de Wayne Shorter que amenizaron mi espera.

jueves, 4 de febrero de 2016

A MANERA DE INTRODUCCIÓN


Humanos: Ya que han osado entrar a esta bitácora, sean bienvenidos. No sé de dónde hayan salido y cómo fue que llegado aquí. Lo único que me queda claro es que, entre todos los pasatiempos de nuestra especie, compartimos uno bastante poderoso: el placer de la concupiscencia, el gusto por el sexo, por las escorts y la predisposición para disfrutar de las fugaces mieles del placer y las caricias de alquiler.

Pueden llamarme Cimarrón. Como muchos de ustedes, tengo una vida bastante común. Me presento al mundo como misántropo irredento, explorador de jardines noctámbulos y como un humano demasiado humano. En mi forma de entender el mundo, me río de los vicios de nuestra especie y al mismo tiempo me reconozco como uno más. Trato de recuperar la esperanza de ser un humano promedio, pero por lo pronto sobrevivo entregándome a mis pasiones. Pueden seguirme en Twitter o leer mis viscerales impresiones de la vida que he escrito en mi otro blog.

Al igual que otros hombres - pues al final de cuentas, soy un hombre más en este mundo - tengo una historia y algunos motivos para estar aquí. Hace algunos meses, comencé a frecuentar el ambiente de las escorts de lujo en la Ciudad de México. Como muchos de ustedes, he tenido buenas experiencias, encuentros sublimes, días menos gozosos y otros más repletos de peripecias. Hasta hace poco me ha venido la gana de relatar mis historias; la única forma que conozco para tratar de capturar esas memorias más allá de la lucidez de mi memoria es escribiéndolas.

Me gustaría aclarar algo importante. No tengo la intención de realizar recomendaciones de chicas, donde valore un buen o mal servicio, si la señorita es guapa o no tanto, si es delgada y curvilínea, si su servicio es bueno o hay experiencias mejores; en la web hay gente que lo hace muy bien con la cual no pretendo competir o igualarme. Tampoco les prometo cantidad de entradas, prefiero en todo la calidad. Espero que las líneas que escriba sirvan como un entretenimiento al servicio de mis fantasías, las cuales quedarán en este rincón, expuestos como un cuerpo apetitoso y provocador, para todos los humanos y las señoritas que quieran leerlos.

Buscaré que la inspiración hable por la mujer en cuestión, con todo el respeto que su vida y la mía merecen. Mis aventuras, como las de todos ustedes, buscan ir más allá de una cópula, un beso y una caricia; también estoy en búsqueda de historias que, por razones de decencia, no debo revelar por completo. Si lo que les cuente significa una llamada para la escort en cuestión, esta bitácora habrá trascendido más allá de mis deseos. Recuerden ir siempre por la segura, practicando en sus caminos buenos modales, seguridad y cortesía.

Humanos: Los saludo y reitero la bienvenida a este sitio de aventuras llenas de pasión y erotismo. No tengan tapujos para vivir momentos como estos y denle rienda suelta a su imaginación. Soy el Cimarrón Confeso y éstas son mis aventuras.